La meditación

La meditación es comúnmente descrita como el entrenamiento de la atención mental que nos despierta más allá de los pensamientos condicionados y nos revela la naturaleza de la realidad. Si el vivir fuese una cosa fácil de hacer, no existiría ninguna necesidad del entrenamiento mental; pero debido a que la vida a menudo se hace muy intensa, también debemos meditar muy intensamente.

Muchas personas dan por sentado que la meditación es un arte difícil; pero la realidad indica todo lo contrario, pues se trata de una expansión del corazón y de la mente y puede ser practicada por todas las almas vivientes que se lo propongan. En realidad no hay una técnica correcta o incorrecta, todas las experiencias son válidas, siempre y cuando tengamos la sincera intención de estar abiertos de corazón. Recordemos que “la práctica hace al maestro”.

Las ventajas de la meditación son infinitas, desde vivir de manera más armónica con nuestro entorno, comenzar un camino espiritual interior, conocernos un poco más, mejorar nuestra concentración y hasta aprender a sobrellevar inteligentemente los momentos de estrés. Las opciones en la vida de un meditador son muy simples: él hace aquellas cosas que contribuyan a su consciencia y se abstiene de aquellas que no lo hacen.

Resulta muy útil crear una atmósfera ideal para cultivar la práctica de la meditación. En primer lugar se recomienda definir una hora y un espacio usual. Este aspecto es muy personal, ya que el mejor momento es aquél con el que podamos comprometernos con cierta regularidad. Incluso hay personas que eligen hacer dos o más sesiones cortas, una al amanecer y otra al final de la jornada. Para empezar es válido realizar sesiones cortas, de aproximadamente 15 minutos, e ir incrementando el tiempo de las prácticas paulatinamente.

Otro aspecto importante es fijar nuestra intención, es decir, conectarnos de manera sincera con las aspiraciones de nuestro corazón. Tener la mente abierta y receptiva es esencial. En cuanto a la postura, se recomienda mantener la posición más recta, alta y balanceada posible y que las manos descansen sobre las rodillas o regazo. Podemos sentarnos en una silla, almohada o banco. Luego procedemos a cerrar los ojos y a concentrarnos en la respiración. Con cada exhalación debemos soltarnos conscientemente, relajar la cara, los hombros y el área del estómago.

Eckhard Tolle, autora del libro “El poder del ahora”, asegura que una buena forma de meditar es simplemente enfocar nuestra atención sobre las diferentes partes del cuerpo: manos, pies, piernas, brazos, abdomen, cabeza y así sucesivamente. Lo importante es sentir tan intensamente como podamos la energía de vida en cada una de estas partes por individual y luego de pies a cabeza, como una ola, prestando atención en cada célula del nuestro organismo. La mente muchas veces es dispersa, por lo que no debemos preocuparnos si nos desconcentramos con cualquier otro pensamiento; pero tan pronto nos demos cuenta de que esto ha sucedido, volvamos nuestro foco hacia el interior del cuerpo.

Fuente sigueenlosano.com

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